EMOCIONES QUE TRANSFORMAN (I): EL DOLOR

¿Te has dado cuenta de que los grandes maestros, guías espirituales, importantes autores y líderes que nos han enseñado e inspirado grandiosas lecciones a lo largo de la historia son precisamente las personas que más han experimentado el dolor, el sufrimiento y la opresión? ¿Te has fijado que eso fue lo que les guió hacia la búsqueda del verdadero significado de sus vidas? La explicación reside en que, para lograr ver nuestro verdadero potencial interno, debemos antes adentrarnos en las oscuras cuevas de nuestro interior. El dolor y las emociones especialmente desgarradoras consiguen poner el foco en nuestro propio interior, para que observemos qué necesita ser cambiado, y así, redefinirnos por completo, y resurgir más fuertes que nunca.

Una vez que hayamos entendido los aspectos potencialmente beneficiosos del dolor que experimentamos, conseguimos automáticamente reemplazar la rabia y la amargura que nos provoca, por una constructiva experiencia de crecimiento personal diseñada para cambiar, reestructurar y transformar nuestra mentalidad, nuestro comportamiento, nuestra vida y nuestro propósito.

¿Por qué hay crecimiento después del dolor?

  1. Porque nuestra mente se expande y consigue estar más centrada. Después de haber experimentado el dolor, logramos ver el mundo de otra manera. Nos acercamos a la vida desde otra perspectiva, persiguiendo aquello que realmente es importante, y alejándonos de aquello que nos aporta únicamente placeres efímeros.
  2. Porque nos hace entender y reconocernos en los demás. Después de haber contemplado nuestras propias vulnerabilidades, resulta mucho más fácil ponernos en el lugar de las personas vulnerables que nos rodean. Conseguimos observar el mundo con más amor y empatía, y por tanto, actuamos con mayor amabilidad y generosidad hacia el otro.
  3. Porque nos orientamos con mayor firmeza hacia nuestro propio éxito. Después de haber sentido la extenuación que provoca el dolor, logramos reaccionar con más fuerza y volver a dirigir nuestra vida hacia caminos que nos aportan un mayor nivel de experiencia.

El dolor viene a enseñar una lección. 

Cualquier situación de dolor que se presenta en tu vida tiene el único objetivo de enseñarte algo que no habías considerado que debías aprender. 

Las preguntas más importantes que debes hacerte cuando estás experimentado una situación dolorosa son: “¿por qué me duele? – ¿qué ha venido a enseñarme esta situación? – ¿qué puedo aprender de todo esto?”. El dolor nos enseña a cambiar patrones de pensamiento, creencias limitantes, actitudes y comportamientos. ¿Te has fijado alguna vez que a menudo repetimos el mismo patrón de sufrimiento? ¿Has notado alguna circunstancia que se repite una y otra vez en tu vida? Esas emociones negativas que experimentas en las situaciones repetitivas vienen principalmente a empujarte hacia el cambio que necesitas para que aprendas una determinada lección. Una vez que lo consigas, el patrón desaparece.

Por lo tanto, no se trata de evitar el sufrimiento, de huir del dolor, de esconderlo debajo de la alfombra para evitar enfrentarte a él. Se trata de sentirlo, experimentarlo, de aceptarlo tal y como es, e identificar su propósito. No obstante, es fundamental remarcar en este punto que la intención aquí no es la de dejarte abatir por el sufrimiento sin más, sin actuar ni poner soluciones al respecto, sino se trata de dejarlo fluir y enfrentarte a él precisamente con el objetivo de tomar las riendas de la situación y reaccionar.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional – Buda

Experimentar, sentir y vivir el dolor nos ayuda a crecer. Pero dejarte caer en el fluir del sufrimiento de forma pasiva e indefinida no es la solución. El dolor es útil cuando se experimenta durante un tiempo limitado, en el cual realizas esa introspección hacia ti misma. El límite se establece a través de tu voluntad de superación, que te permite dar los pasos necesarios hacia un estado emocional más placentero, y alcanzar el bienestar deseado una vez obtenido el aprendizaje emocional de esa situación. Así que no dejes de observarte, de sentirte y de preguntarte qué puedes hacer para sentirte mejor. Toma conciencia de tu sufrimiento emocional para buscar tu propia armonía interna.

De la misma forma que nos enseña el Yin y el Yang, absolutamente todo en el Universo se fundamenta en las polaridades. Este mismo principio universal vale también para las emociones: la felicidad no reside en la ausencia de sufrimiento, sino en la aceptación de la polaridad de ambos estados. Para entender la felicidad, debes entender el dolor. Para ver la luz, debes primero adentrarte en la oscuridad. Éste es el fluir natural de la vida y de todo lo que en ella ocurre. Así que déjate sentir por todo lo que llega, aprende, crece, avanza.

Escrito por

Mi visión es lograr transmitir al mundo el verdadero amor incondicional. Mi misión es empoderar a las mujeres para que se conviertan en valiosas divinidades femeninas. Mis valores son el amor, la verdad y la trascendencia.

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